Hay espacios que aportan bienestar y otros en cambio todo lo contrario ¿Alguna vez has notado que te cuesta concentrarte en una habitación o que sientes una agradable sensación de calma al entrar en un espacio con luz natural y vistas a la naturaleza?
No es extraño. Los espacios en los que vivimos, trabajamos, aprendemos o nos relacionamos influyen en nuestra experiencia cotidiana. La distribución, la ventilación, la iluminación, los sonidos, los materiales y los colores pueden afectar a cómo nos sentimos, a nuestra concentración y a nuestra percepción de comodidad y seguridad.
Pasamos gran parte de nuestra vida en espacios interiores. Por eso, pensar cómo los diseñamos no es solo una cuestión estética: también es una oportunidad para mejorar nuestra calidad de vida.
En este contexto, el neurointeriorismo explora cómo se relacionan las características de los espacios con nuestras respuestas emocionales, cognitivas y fisiológicas. Un campo de conocimiento que invita a diseñar teniendo en cuenta no solo cómo se ve un espacio, sino también cómo lo experimentan las personas.
cuatro aspectos del diseño que pueden influir en nuestro bienestar
1. nuestra percepción del espacio
En interiorismo, la distribución del espacio y la disposición de los elementos que contiene, ofrecen recursos para crear ambientes que transmitan, bienestar, serenidad, dinamismo o recogimiento, según el uso al que están destinados.
Las formas curvas y los contornos suaves pueden generar, en determinadas circunstancias, una mayor sensación de agrado que las formas angulosas. Ciertos materiales, como la madera, nos dan enseguida sensación de calidez y confort, mientras que el metal o el vidrio aportan frialdad.
La investigación ha estudiado cómo los percibimos, aunque nuestras preferencias dependen también del contexto y de las experiencias personales.
2. La luz y nuestros ritmos biológicos
La luz es uno de los factores ambientales más importantes para nuestro organismo. La exposición a la luz durante el día contribuye a regular los ritmos circadianos, que intervienen en el ciclo de sueño y vigilia.
Por eso, aprovechar la luz natural en viviendas y lugares de trabajo puede favorecer el confort y bienestar visual y ayudarnos a mantener unos ritmos diarios saludables. También es importante adaptar la iluminación artificial a las actividades que realizamos.
la luz: el modulador emocional
La luz no solo nos permite ver, sino que interactúa directamente con nuestro sistema nervioso y endocrino, alterando nuestro estado de ánimo, niveles de energía y bienestar psicológico de forma inmediata y a largo plazo.


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3. La conexión con la naturaleza: biofilia
La biofilia hace referencia a nuestra tendencia a conectar con la naturaleza y los seres vivos.
Incorporar vegetación, aprovechar las vistas al exterior, utilizar materiales naturales o permitir la entrada de luz diurna son algunas formas de acercar la naturaleza a los espacios interiores. Diversas investigaciones apuntan a que estos elementos pueden favorecer la relajación y contribuir al bienestar, aunque sus efectos varían según las personas y las condiciones del entorno.
4. Los colores y las sensaciones que transmiten
El color influye en la percepción de los espacios y puede evocar sensaciones y asociaciones diferentes según el contexto, la cultura y las experiencias personales.
Los azules y verdes pueden recordarnos al agua y a la naturaleza, mientras que los amarillos y naranjas suelen asociarse con la luz, la calidez o la vitalidad. Sin embargo, ningún color produce una respuesta emocional idéntica en todas las personas.
Por eso, al elegir una paleta cromática, conviene tener en cuenta el uso del espacio, su orientación e la iluminación natural, los materiales y las preferencias de quienes lo van a utilizar.
diseñar pensando en las personas: ejemplos de otros entornos
La arquitectura de interiores centrada en las personas tiene aplicaciones en muchos ámbitos, más allá de la vivienda.
Hospitales y centros sanitarios. La iluminación, la orientación, la privacidad, el control del ruido y la incorporación de elementos visuales amables pueden contribuir a que pacientes y acompañantes se sientan más cómodos. En el Hospital Sant Joan de Déu de Barcelona, por ejemplo, se han incorporado recursos audiovisuales y elementos gráficos en espacios pediátricos para hacer más cercana la experiencia hospitalaria.
Colegios y espacios educativos. La luz natural, el confort acústico, la ventilación y la organización del aula son factores que deben considerarse al diseñar entornos de aprendizaje. Un espacio bien planteado puede facilitar la concentración, la comunicación y el desarrollo de distintas actividades, atendiendo a las necesidades de alumnos y docentes.
Oficinas y lugares de trabajo. La distribución, la iluminación, la acústica y la disponibilidad de espacios para concentrarse o colaborar influyen en la experiencia de las personas. Diseñar una oficina no consiste únicamente en colocar mesas y sillas, sino en comprender las tareas que se desarrollan y ofrecer un entorno adecuado para realizarlas.

tres ideas prácticas para aplicar en tu día a día
1. Busca el equilibrio visual y funcional. Una buena distribución, el orden, la elección de colores y materiales y una iluminación bien planteada pueden ayudarte a crear ambientes más cómodos. No se trata de seguir una fórmula universal, sino de descubrir qué funciona mejor para las personas que utilizan ese espacio.
2. Aprovecha la luz natural. Siempre que sea posible, sitúa las zonas de lectura o trabajo cerca de las ventanas, evitando reflejos y deslumbramientos. Combina la luz diurna con una iluminación artificial adecuada a cada actividad.
3. Incorpora elementos naturales. Las plantas, las vistas al exterior y los materiales naturales pueden aportar riqueza sensorial y una conexión agradable con la naturaleza. Elige soluciones que encajen con el uso del espacio y con las necesidades de mantenimiento.
diseñar espacios para vivir mejor
El neurointeriorismo nos invita a mirar los espacios desde otra perspectiva: no solo como lugares que ocupamos, sino como entornos que experimentamos y que forman parte de nuestra vida cotidiana.
Como arquitecta de interiores, considero fundamental partir de las personas: conocer sus necesidades, escuchar cómo utilizan los espacios y comprender qué dificultades encuentran en ellos. A partir de ahí, el diseño permite buscar soluciones que mejoren la funcionalidad, el confort y la calidad de vida.
Porque un buen espacio no es únicamente el que resulta atractivo a la vista, sino aquel que responde a las necesidades de quienes lo habitan y facilita su día a día.
Cada persona y cada actividad tienen necesidades diferentes. A través del diseño de interiores y una buena planificación, podemos encontrar soluciones para aprovechar mejor los espacios, mejorar su funcionalidad y adaptarlos a quienes los utilizan.
¿y si tus espacios pudieran ayudarte a vivir y trabajar mejor?
Si estás pensando en reformar tu vivienda o mejorar tu espacio de trabajo, estaré encantada de ayudarte a estudiar las posibilidades. Contáctame sin compromiso
este artículo fue publicado por primera vez en el anterior blog de la web optiminteriors.com, con fecha de 16 de enero 2021
REFERENCIAS
Emily Anthes (2020) «La arquitectura interior. Cómo su diseño influye en nuestro comportamiento, salud y bienestar»
Delgado-Banegas, G. (2026). Neuroarquitectura y diseño del espacio interior: estrategias desde la percepción, emoción y simbolismo. Cuadernos del Centro de Estudios en Diseño y Comunicación, (329), 149–174. https://dialnet.unirioja.es/servlet/articulo?codigo=10819167
